Fauna humana
Es encomiable la tendencia del hombre a identificarse o compararse con los demás animales: ojos perdigoneros, lágrimas de cocodrilo, nariz aguileña, cara de búho, cantar como un ruiseñor, hablar como un loro, o como una cotorra, ojos de gato, engatusado, cara de caballo, subirle a uno el pavo, empavonarse, edad del pavo, ser un pavo —ave prolífica—, pavilacio, mosqueo del pavo, mosquearse (sin más), mosca cojonera, mosquita muerta, pata de gallo, ser un gallito, ser un gallina, piel de gallina, piel de cordero, cara de cordero degollado, estar como una cabra, cabra loca, cabrito, cabrón, barbas de chivo, estar como una vaca, abrazo del oso, pajarraco, a cara de pájaro, menudo perro, no, no, a cara de perro, menudo pájaro, perro (por vago), perro viejo, dientes de conejo, el conejo de la loles, ser un hormiguita, cintura de avispa, cuello de jirafa, o de cisne, lengua de víbora, estar como una ballena, como pez en el agua, hiena, reptil, camaleón, paquidermo,... Omito el cerdo y sus derivados por delicadeza y aprensión. Y ya lo dejo, no pretendo ser exhaustivo, que luego viene el lince de turno y te dice con su retintín de capullo: “Se te ha olvidado burro, so burro”. Por cierto, ¿capullo no es otro animal?, ah, no, es del mundo vegetal.